La habitación 806: El secreto que Alejandro Salgado había ocultado durante trece años

—Mi madre merece escuchar la verdad de su propia voz —dijo—. Si quiere verla, tendrá que hablar con ella. Sin intermediarios. Sin secretos. Y sin volver a desaparecer.

Gabriel asintió lentamente.

—Te lo prometo.

Esta vez, Valeria no aceptó la promesa como garantía.

La aceptó como el primer paso de algo que tendrían que demostrar con hechos.

Una llamada después de veintiséis años

Mariana tardó varios días en aceptar que Gabriel estaba vivo.

Cuando finalmente escuchó su voz por teléfono, no pudo decir nada.

Él tampoco.

Durante casi un minuto, ambos lloraron en silencio.

Después Gabriel habló.

—Mariana, no espero que me perdones. Solo necesito que sepas que nunca dejé de buscarte.

Ella apretó el teléfono contra su oído.

—Yo también te busqué.

—Lo sé ahora.

—Perdí a nuestra hija.

Gabriel dejó escapar un sollozo.

—Lo siento tanto.

—Y después tuve que seguir viviendo sin saber qué había pasado contigo.

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