—¿Sabe dónde está ahora? —preguntó Valeria.
El hombre negó con la cabeza.
—No. Pero recuerdo que mencionó un taller mecánico donde pensaba trabajar.
Aquella pista los llevó a un pequeño negocio en las afueras de Querétaro.
El propietario actual revisó sus antiguos registros.
Encontró un nombre.
Gabriel Salgado.
Había trabajado allí durante casi cinco años.
Después se había mudado a un pueblo cercano.
Y seguía vivo.
Valeria tuvo que sentarse.
Todo lo que había creído sobre su familia estaba cambiando otra vez.
Gabriel no era su padre biológico, pero había sido el gran amor de su madre. Era un hombre al que habían separado de ella mediante engaños y amenazas.
Y quizá todavía existía la posibilidad de que ambos pudieran encontrarse.
El reencuentro
La dirección los condujo a una pequeña casa blanca en las afueras de un pueblo de Querétaro.