Yo no pude darte una vida perfecta, hija. Pero espero haberte enseñado que una vida digna no se construye con dinero, sino con decisiones que puedas mirar de frente.
Te quiero más de lo que fui capaz de decirte.
Papá.
Valeria abrazó la carta contra su pecho.
Durante años había pensado que pagar la deuda de su padre sería la última manera de cumplir una promesa hacia él.
Ahora entendía que la promesa más importante era otra.
Vivir.
No simplemente sobrevivir.
No pasar los días intentando ser suficiente para los demás.
Vivir una vida en la que también hubiera espacio para sus propias necesidades.
Esa tarde llevó la carta a la mansión.
Alejandro la encontró en el jardín, sentada bajo el árbol donde Sofía solía jugar.
—¿Todo bien? —preguntó.
Valeria asintió.
—Creo que mi padre por fin terminó de darme consejos.