Alejandro soltó una respiración temblorosa.
—No lo hice de un día para otro. Busqué ayuda profesional. Aprendí a hablar de ella sin convertir cada recuerdo en un castigo. Y tuve que aceptar que amar a alguien no significa poder controlar todo lo que le sucede.
Se sentó frente a ella.
—No quiero que conviertas aquella noche en una condena.
Valeria lloró en silencio.
Y Alejandro permaneció allí.
Sin prometerle que todo estaría bien.
Sin decirle que debía ser fuerte.
Sin pedirle que dejara de llorar.
A veces, eso era exactamente lo que una persona necesitaba.
No que alguien arreglara su dolor.
Sino que alguien se quedara mientras aprendía a vivir con él.
Capítulo 7. La oferta que Valeria rechazó
Un mes después, Alejandro le propuso un trabajo.
No fue durante una cena elegante ni en medio de una conversación sentimental.
Fue en el despacho, con una carpeta sobre el escritorio.