Leí aquellas palabras tantas veces que dejaron de parecer reales.
Él nunca me había obligado a dejar Medicina.
Era cierto.
Yo había tomado aquella decisión porque lo amaba.
Pero él me había prometido que construiríamos un futuro juntos. Me había abrazado mientras yo lloraba de cansancio. Había jurado que jamás olvidaría lo que estaba haciendo por él.
Y ahora utilizaba mi sacrificio como si hubiera sido una decisión absurda de la que yo debía avergonzarme.
—¿Hay algo más? —pregunté, casi sin voz.
Andrés tardó en responder.
—Sí. Y esto es lo que más me preocupa.
Guardó el teléfono y me miró directamente a los ojos.
—Santiago les ha dicho a varios compañeros que tú no trabajabas tanto como afirmabas. Que él pagaba la mayor parte de los gastos y que tú simplemente lo acompañaste durante la carrera.