Amar a alguien no significa renunciar a ti misma.
Ayudar a una persona no te obliga a aceptar que te humille.
Y el sacrificio no convierte a nadie en dueño de tu futuro.
Durante mucho tiempo pensé que mi mayor error había sido abandonar Medicina para ayudar a Santiago.
Hoy sé que no fue exactamente así.
Mi decisión nació del amor y de la esperanza. No tengo que avergonzarme de haber querido ayudar a alguien que amaba.
Mi error fue creer que, después de dar tanto, ya no tenía derecho a pedir honestidad.
Y mi mayor logro no fue conseguir que Santiago reconociera lo que había hecho.
Fue comprender que podía recuperar mis sueños incluso después de haberlos dejado en manos de otra persona.
A veces, cuando entro al hospital con mi bata blanca, recuerdo aquella graduación.
Recuerdo el sobre color manila.