Lo miré con calma.
—Porque quiero saber la verdad.
Su rostro cambió.
Fue un cambio pequeño, casi imperceptible.
Pero lo vi.
—No hay nada que descubrir.
—Entonces no tendrás problemas en demostrarlo.
Santiago apretó la mandíbula.
Después salió sin despedirse.
Me quedé sola en el departamento.
Y supe que había tocado un punto que él no quería que examinara.
Porque la siguiente llamada que recibí de Mariana confirmó que el asunto era más complicado de lo que habíamos pensado.
—Valeria, encontré algo en los documentos que me enviaste —me dijo—. Necesito que vengas a mi despacho mañana. Y, por favor, no contactes a Santiago para hablar de esto hasta que nos reunamos.
Sentí que el corazón se me aceleraba.
—¿Qué encontró?
Mariana guardó silencio unos segundos.
—Una transferencia que no coincide con las declaraciones financieras que Santiago presentó durante el divorcio.