Lo que todavía no sabía era que Santiago estaba a punto de cometer un error que cambiaría por completo el rumbo de nuestra separación.
Capítulo 4: La noche en que regresó suplicando
Tres semanas después de la graduación, Santiago apareció en el departamento sin avisar.
Abrí la puerta y lo encontré con la misma camisa impecable que había llevado a una entrevista en una clínica privada.
Ya no llevaba la bata blanca.
Pero sí llevaba esa expresión de seguridad que había comenzado a utilizar durante los últimos meses, como si el título recién obtenido le hubiera concedido el derecho a mirar a los demás desde arriba.
—Tenemos que hablar —dijo.
Me hice a un lado para que pudiera entrar.
No porque quisiera reconciliarme.
Sino porque necesitaba dejar de tener miedo de escuchar su voz.
Santiago miró alrededor.