—Julian, no puedo decidir por Noah lo que debe sentir por ti. Tampoco puedo prometerte que te perdonará.
Él asintió.
—Lo entiendo.
—Pero puedo decirte algo. Si de verdad quieres recuperar la relación con tu hijo, deja de hacer promesas que no estás preparado para cumplir. Empieza por las pequeñas cosas. Llega a tiempo. Escúchalo. Cumple tus obligaciones. No hables mal de mí delante de él. Y cuando te equivoques, reconoce el error sin buscar a quién culpar.
Julian se limpió una lágrima.
—Lo intentaré.
—No me lo prometas a mí. Demuéstraselo a él.
No nos abrazamos.
No hubo una reconciliación repentina.
Simplemente terminamos la conversación y nos marchamos por caminos separados.
Y por primera vez, eso fue suficiente.
8. El verdadero regalo
El décimo cumpleaños de Noah llegó unas semanas después.
Lo celebramos en nuestro pequeño jardín, con una tarta de chocolate, globos azules y sus amigos corriendo por todas partes.