—Rosa, mírame, por favor.
Levantó la cabeza.
—No has hecho nada malo. Y no tienes que pedir disculpas por exigir que te paguen.
Sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Yo solamente quería cobrar lo que me corresponde. No quería problemas con nadie.
—Lo sé.
Saqué mi teléfono y llamé a Javier.
—Necesito que se procese inmediatamente el pago de todos los salarios pendientes de Rosa Hernández. Verifica personalmente el importe y confirma que llegue a su cuenta correcta.
Después miré a Rosa.
—También recibirás un comprobante detallado de lo que se te debe. La auditoría determinará si hay otras cantidades pendientes.
Ella se llevó una mano a la boca.
—¿De verdad, señor?
—De verdad.
Camila no parecía convencida.
—¿Y mañana mi mamá todavía tendrá trabajo?
La pregunta me dejó sin palabras durante un instante.
—Si tu mamá quiere seguir trabajando aquí, nadie la despedirá por haber reclamado su salario.