Ricardo admitió haber falsificado documentos. Valeria reconoció que había autorizado algunas transferencias y ocultado información para ayudar a su hijo. Alejandro aceptó que había utilizado la empresa intermediaria para cubrir parte de sus deudas.
Todavía quedaban muchas preguntas por responder.
Pero una cosa estaba clara: no permitiría que la investigación se detuviera por tratarse de mi familia.
A la mañana siguiente, Rosa recibió la confirmación de que los salarios pendientes habían sido transferidos correctamente. Se le entregó un desglose por escrito y se le explicó cómo podría reclamar cualquier otra cantidad que la revisión detectara.
También le ofrecí una disculpa.
No una disculpa de empresario.
Ni una disculpa de dueño de una mansión.
Una disculpa de un hombre que había tardado demasiado en darse cuenta de que su propia casa estaba fallándole a una persona que confiaba en él.