PART2 ; EL SECRETO QUE ESCONDÍA MI PROPIA FAMILIA

Saqué mi teléfono y marqué el número de Alejandro.

Contestó al cuarto tono.

—Papá, ¿qué pasa? Estoy en una cena.

—Necesito que vengas a la casa inmediatamente.

—¿Ahora?

—Ahora.

Hubo una pausa.

—¿Ocurrió algo?

Miré a mi esposa, al administrador y a Rosa, que abrazaba a su hija como si quisiera protegerla del mundo entero.

—Sí, Alejandro. Ocurrió algo.

Mi voz salió tranquila.

Demasiado tranquila.

—Y esta vez quiero que me digas la verdad.

Colgué.

Después ordené que nadie destruyera documentos, abandonara la propiedad para evitar responder preguntas o realizara nuevas transferencias. No quería amenazas ni confesiones arrancadas por la fuerza. Quería pruebas, registros y respuestas verificables.

Y, sobre todo, quería que Rosa y su hija dejaran de pagar el precio de los secretos de mi familia.

Alejandro llegó cuarenta minutos después.

Entró por la puerta principal con el teléfono en la mano y una expresión de fastidio.

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