PART2 ; EL SECRETO QUE ESCONDÍA MI PROPIA FAMILIA

Una empresa que había recibido millones de pesos de varias cuentas vinculadas a mi grupo empresarial.

Una empresa cuyo domicilio fiscal correspondía a una oficina virtual.

Y una empresa cuyo representante legal era…

Mi hijo.

Alejandro.

No recuerdo cuánto tiempo permanecí mirando aquella pantalla.

Alejandro tenía treinta y un años. Era mi único hijo, el heredero de la empresa y la persona a quien había enseñado desde pequeño que la confianza era más importante que el dinero.

Le había pagado los mejores estudios.

Lo había llevado a reuniones con inversionistas.

Le había entregado responsabilidades que muchos ejecutivos tardaban décadas en conseguir.

Y ahora su nombre aparecía vinculado a una empresa que había recibido dinero extraído de mis propias cuentas.

—¿Alejandro sabía lo que estaba pasando? —pregunté.

Valeria comenzó a llorar con más fuerza.

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