Y yo estaba empezando a comprender que los salarios de Rosa eran apenas la superficie de algo mucho más profundo.
—Quiero hablar contigo a solas —dijo Valeria.
—No. Primero quiero saber dónde está el dinero.
—No tienes idea de lo complicado que ha sido todo esto.
—Entonces explícamelo.
Miró hacia las escaleras, después hacia Rosa y finalmente hacia mí.
Su rostro ya no mostraba indignación.
Mostraba miedo.
—Ricardo me dijo que necesitábamos mover fondos temporalmente. Que había una oportunidad de inversión y que el dinero regresaría antes de que alguien lo notara.
—¿Qué inversión?
No contestó.
—Valeria, ¿qué inversión?
—No lo sé todo.
—¿Autorizaste transferencias de casi cinco millones de pesos sin saber adónde iba el dinero?
—¡No fueron cinco millones de una sola vez!
La miré con incredulidad.
Acababa de confirmar que sabía de las transferencias.