—¿Conmigo?
Saqué la copia de la transferencia y se la entregué.
—¿Reconoces esta autorización?
Bajó la vista.
Durante un segundo, su rostro perdió toda expresión.
Después levantó la mirada y sonrió de una manera que me pareció completamente ajena.
—Son documentos administrativos, cariño. No entiendo por qué me preguntas a mí.
—Porque llevan tu firma.
Su sonrisa desapareció.
Rosa se llevó instintivamente a Camila hacia su costado.
Valeria miró a la empleada y después a mí.
—¿Todo esto es por esa mujer? ¿Por unos cuantos salarios?
Sentí que algo dentro de mí se quebraba.
—No estamos hablando de unos cuantos salarios. Estamos hablando de dinero que desapareció de nuestras cuentas y de documentos que alguien autorizó en tu nombre o con tu firma.
—No sabes lo que estás diciendo.
—Entonces ayúdame a entenderlo.
Valeria dejó la copa sobre una mesa.
—Ricardo se ocupa de esas cosas. Yo no reviso cada transferencia.