—¿Quién escribió esto? «Convencer primero a la señora. El padre será más difícil».
Vanessa apartó la mirada.
Ese gesto me dijo más que cualquier respuesta.
—La idea era hablar con ustedes —dijo ella—. Pero siempre convierten cualquier conversación sobre dinero en una tragedia.
Elena apretó la hoja entre los dedos.
—¿Hablar con nosotros? ¿Después de dejarme fuera de mi casa durante casi una hora?
Vanessa suspiró con impaciencia.
—Fue un malentendido.
Entonces mi esposa dijo algo que nunca olvidaré.
—No, Vanessa. Un malentendido es equivocarse de puerta. Lo que tú hiciste fue verme llorar frente a un portón y decidir que podías dejarme allí mientras medías mi cocina.
Daniel golpeó suavemente la barra con la palma.
—¡Ya basta! ¡Soy su hijo! Algún día todo esto será mío.
Lo miré a los ojos.
—Algún día, cuando nosotros ya no estemos, tendrás que aceptar lo que legalmente te corresponda. Pero mientras tu madre y yo estemos vivos, esta casa es nuestro hogar. No una herencia que puedas cobrar por adelantado.