No era una conspiración infantil ni una investigación secreta perfecta. Era un niño que había visto cosas que no comprendía del todo y que había buscado ayuda para proteger a su madre.
El juez pidió que el cuaderno y los documentos fueran revisados adecuadamente. También dejó claro que Howard no tendría que responder a preguntas intimidantes de ninguno de los adultos presentes.
Entonces ocurrió algo que nunca olvidaré.
El abogado de Aidan dejó de hablar.
Hasta ese momento había actuado como si la victoria estuviera asegurada. Había presentado mi sacrificio económico como una prueba de irresponsabilidad y había intentado convertir mi dolor en un argumento en mi contra.
Ahora tenía delante documentos que parecían contradecir la historia que su cliente había contado.
El juez ordenó una pausa en la audiencia y solicitó que las pruebas fueran examinadas por los profesionales correspondientes. También indicó que las decisiones sobre la custodia debían basarse en el bienestar de Howard y en pruebas verificadas, no en acusaciones ni en la reacción emocional de los padres.