EL SECRETO DEL OTRO BEBÉ

—Hijo, perdóname. No debí hacerte sentir que tenías que demostrar que merecías ser amado.

Mateo no respondió inmediatamente.

Después preguntó:

—¿Todavía puedo llamarte papá?

Alejandro rompió a llorar.

—Siempre, si tú quieres.

Yo también lloré.

Porque, aunque la verdad había destruido todo lo que creíamos saber, había algo que no podía cambiar: el amor que Mateo y nosotros habíamos construido durante ocho años.

La fotografía escondida

A la mañana siguiente acudimos al hospital donde había nacido Mateo.

El centro médico había cambiado de administración, pero el médico de la clínica nos ayudó a iniciar una investigación formal y a solicitar los registros que todavía pudieran conservarse.

No fue fácil.

Habían transcurrido ocho años. Algunos documentos estaban archivados y otros requerían una revisión cuidadosa.

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