—¡No! —respondí—. Tuviste miedo de perder el control. No confundas tu cobardía con amor.
El médico intervino.
—Hay algo más que debemos aclarar. Los resultados demuestran que Mateo no tiene parentesco biológico con ninguno de ustedes. Pero eso no identifica al otro niño ni confirma que la historia de la señora Teresa sea cierta. Necesitamos los registros del hospital y nuevas pruebas genéticas.
Me aferré a esas palabras.
Por primera vez en días, había algo concreto que podíamos hacer.
Encontrar a mi hijo.
Ocho años atrás, en aquella habitación
Mientras el médico solicitaba que se conservaran los informes de las pruebas, Teresa continuó confesando lo que había ocultado.
—Cuando Mariana despertó de la cesárea, preguntó por la pulsera del bebé. Yo le dije que se la habían quitado porque ya no hacía falta. La enfermera había preparado los documentos con los nombres intercambiados.