Santiago cerró los ojos.
El audio continuó.
—Prométeme que algún día lo vas a usar cuando consigas algo importante. No importa lo que diga la gente. Quiero estar contigo de alguna manera.
El mensaje terminó.
Me llevé una mano al pecho.
De pronto entendí.
El vestido.
La promesa.
Las palabras que Santiago me había dicho:
“Esto es por ti, mamá. Y por los dos.”
No hablaba de él y de mí.
Hablaba de él y de Valeria.
Mi hijo había cruzado aquel escenario llevando el vestido de su hermana porque ella nunca había podido llegar a su propia graduación universitaria.
Por eso soportó las risas.
Por eso soportó a su padre.
Por eso no le importó perder amigos.
Pero quedaba algo que no entendía.
Valeria había dicho que necesitaba “estar segura de algo”.
—¿Segura de qué? —pregunté.
Santiago miró a Mauricio.