—No, papá. Mamá va a leerlo.
Y justo cuando desbloqueó la pantalla y abrió el mensaje que había mantenido oculto durante meses…
Mauricio dijo una frase que hizo que varios familiares a nuestro alrededor se pusieran de pie.
—Santiago, si abres ese mensaje, vas a destruir a esta familia.
La voz de Mauricio atravesó el auditorio.
Ya nadie se reía.
Mi hijo sostenía el celular frente a mí mientras Mauricio avanzaba por el pasillo central con el rostro desencajado. Hacía apenas unos minutos había jurado que no asistiría a la graduación si Santiago se presentaba con aquel vestido rojo.
Y ahora estaba ahí.
No para felicitarlo.
Sino para impedir que yo leyera algo.
Me puse de pie.
—¿Qué significa eso, Mauricio?
Él se detuvo.
—Lucía, vámonos a casa. Esto no tiene que hacerse aquí.
—Tú dijiste que no vendrías.
No respondió.