—Entonces tu padre no puede regalar lo que legalmente no le pertenece.
Esa misma tarde preparamos una notificación formal para dejar claro que nadie tenía autorización para ocupar el inmueble.
Dos días después Mariana me llamó.
Primero intentó hacerme sentir culpable.
—Mis hijos ya escogieron sus habitaciones.
Luego utilizó a papá.
—Está muy alterado por tu culpa.
Cuando vio que no funcionaba, cambió el tono.
—Nos mudamos el domingo. Papá dijo que no puedes impedirlo.
—Entonces múdense —respondí.
—¿Qué?
—Escuchaste bien.
El domingo observé las cámaras exteriores desde mi departamento.
La camioneta que yo misma le había comprado a Mariana apareció frente a la casa.
Bajaron mi padre, mi madre, Mariana, su esposo Ricardo y los niños.
Traían maletas, juguetes, cajas y hasta una televisión.
En la puerta encontraron la notificación del abogado.
Mi padre la arrancó.
—Otra de sus amenazas.