Mi padre levantó su copa dentro de mi propia casa y soltó, delante de toda la familia:

Yo había pagado más de 1.8 millones de pesos para ayudar a mi familia durante años: un vehículo para Mariana, deudas de mi padre y hasta dinero para evitar que perdiera su propia casa.

Lo hice incluso después de quedar viuda.

Y ahora me estaban echando de la mía.

Mariana se acercó con la copa en la mano.

—No hagas un escándalo, Gabriela. Casi nunca estás aquí.

La miré unos segundos.

—Disfrútenla.

Mi padre sonrió, convencido de haber ganado.

Salí.

A la mañana siguiente puse sobre mi escritorio la escritura, recibos del predial, pólizas, facturas de remodelación y estados de cuenta.

Todo estaba a mi nombre.

Entonces llamé a Mauricio Salgado, un abogado que conocía desde hacía años.

—Mi familia pretende quedarse con mi casa.

—¿Tu padre aparece como propietario?

—No.

—¿Tiene poder notarial?

—Tampoco.

Mauricio guardó silencio.

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