La llamada quedó muda durante tres segundos.
Después escuché:
—¿Qué video?
Aquella pregunta confirmó todo.
—El de casa de tu mamá.
Rodrigo comenzó a respirar más rápido.
—Patricia no tenía derecho a grabarnos.
—Curioso. No preguntaste qué aparece en el video.
Colgó.
Cinco minutos después recibí un mensaje de Teresa:
“Estás destruyendo a tu propia familia.”
No respondí.
Al día siguiente, Sofía consiguió una copia de un documento que Rodrigo había consultado con un intermediario financiero.
No había una hipoteca nueva registrada sobre el departamento.
Eso fue un alivio.
Pero el borrador que habían preparado buscaba usar el inmueble como respaldo para conseguir financiamiento.
Necesitaban mi consentimiento.
Por eso Rodrigo llevaba meses intentando que firmara.
No habían podido hacerlo sin mí.
Y eso explicaba su desesperación.
Pensé que ya entendía todo.
Me equivocaba.
Dos días después, la directora de la escuela de Camila me llamó.