Mi hermano se burló de mi uniforme frente a toda su tripulación… sin imaginar por qué una almirante había subido personalmente a inspeccionar su buque

—Entonces, ¿qué hacía ahí a las once cuarenta de la noche?

—Recogiendo algo.

—¿Qué?

Arturo tragó saliva.

—Un sobre.

—¿De quién?

Miró a Mauricio.

Después a mí.

—De su padre.

Sentí un vacío en el pecho.

—Explíquese.

—Su padre me llamó esa tarde. Dijo que había dejado documentos que no debían quedarse ahí.

—¿Por qué lo obedeció?

Arturo apretó los labios.

—Porque le debía un favor.

—Eso no responde.

—Me ayudó hace años.

—¿Y encontró el sobre?

—Sí.

—¿Qué contenía?

—No lo abrí.

—¿Dónde está?

Silencio.

—Capitán, ¿dónde está?

—Lo conservé.

Mauricio soltó una carcajada incrédula.

—¿Todo este tiempo?

—Algo me pareció mal. Cuando vi los documentos alterados esta mañana, entendí que podía estar relacionado.

—Por eso me entregaste la carpeta roja —dije.

Arturo asintió.

—¿Dónde está el sobre?

Sacó una llave del bolsillo.

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