Mi hermano se burló de mi uniforme frente a toda su tripulación… sin imaginar por qué una almirante había subido personalmente a inspeccionar su buque

A los pocos segundos llegó un mensaje.

“No revises más. Por favor.”

Sentí que se me helaban las manos.

Le mostré la pantalla a Mauricio.

Su rostro se descompuso.

—Llámalo —dijo.

—No.

—Sandra, llámalo.

—Primero quiero saber por qué me pide detenerme.

Mauricio comenzó a respirar rápido.

—Porque sabe.

—¿Qué sabe?

—No estoy seguro.

—Hace diez minutos dijiste que no había nada.

—¡Porque quería protegerlo!

Ahí estaba.

Finalmente.

—¿Protegerlo de qué?

Mauricio abrió la boca.

Pero Arturo recibió una llamada.

Escuchó durante unos segundos.

Su expresión cambió.

—Entendido. No toquen nada.

Colgó.

—Almirante, localizaron el archivo físico correspondiente a una de las reparaciones.

—¿Y?

—El documento contiene una firma de autorización que no coincide con la copia digital.

Mauricio preguntó:

—¿De quién es?

Arturo me miró.

—De su padre.

Nadie habló.

—Quiero verlo.

Bajamos al área administrativa.

Sobre una mesa había una caja de archivo.

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