—Todo estaba revisado.
—Entonces explícame los documentos duplicados.
—¡Yo no los hice!
Su respuesta fue demasiado rápida.
—Nunca dije que los hicieras.
Mauricio se quedó callado.
Ahí entendí que tenía miedo de algo específico.
—¿Quién modificó los reportes?
—No sé.
—¿Quién?
—Te dije que no sé.
—Entonces, ¿por qué estás aterrorizado?
Golpeó la mesa otra vez.
—¡Porque tú no entiendes cómo funciona esto!
—Explícamelo.
—Papá necesitaba dinero.
Aquello no era lo que esperaba.
Mauricio bajó la voz.
—Hace tres años perdió casi todos sus ahorros.
—¿Cómo?
—Una inversión.
—¿Qué inversión?
—Una inmobiliaria en Puerto Vallarta. Le prometieron rendimientos altos. Metió casi todo.
Me quedé helada.
Papá siempre había presumido su disciplina financiera.
—¿Cuánto perdió?
Mauricio respiró hondo.
—Más de dos millones de pesos.
Me senté.
—¿Por qué nadie me dijo?
Mi hermano soltó una risa amarga.