Mauricio se dejó caer en una silla.
Eso fue suficiente.
—Tú sabes quién es.
—Sandra…
—¿Quién es?
—No es lo que crees.
—Entonces dime qué debo creer.
Mi hermano se frotó la cara.
—La empresa la abrió papá.
Durante unos segundos pensé que había escuchado mal.
—¿Qué?
—Después de retirarse.
Me quedé mirándolo.
Nuestro padre llevaba años diciendo que vivía de su pensión y de algunas asesorías.
Nunca había mencionado una empresa proveedora.
—¿Papá tiene una empresa que ha facturado servicios relacionados con esta embarcación?
—No directamente.
—Mauricio.
—Él es socio minoritario.
—¿Y tú lo sabías?
No respondió.
Arturo comprendió que debía salir.
Cuando cerró la puerta, me acerqué a mi hermano.
—Mírame.
Mauricio levantó la cabeza.
—¿Lo sabías?
—Sí.
Sentí que el estómago se me cerraba.
—¿Desde cuándo?
—Dos años.
—¿Y nunca pensaste que había un conflicto que debía declararse?