Y esa diferencia lo cambiaba todo.
—Sofía, ¿yo tengo alguna obligación legal por haber pagado durante estos años?
—Con lo que he revisado, no veo que seas deudora ni obligada solidaria. Tus transferencias no te convierten por sí solas en responsable de la deuda de tus padres.
Respiré por primera vez en varios minutos.
—Entonces me voy.
Mi padre levantó la cabeza.
—Mariana…
—Los quiero. Pero no voy a hundirme con ustedes.
Esa noche dormí por primera vez en mi departamento.
No tenía comedor.
Había cajas por todas partes.
Mi colchón seguía en el piso.
Y cené tacos de un puesto cercano usando una caja como mesa.
Pero cuando cerré la puerta comprendí algo.
Era la primera puerta en años que podía cerrar sin sentir que debía algo al otro lado.
A la mañana siguiente desperté con 53 llamadas perdidas.