“Tu hermano viene a vivir aquí con sus dos hijos, así que tú te vas. Ya estuvo bueno de mantener a una parásita.”

Mi madre no quiso abrir.

Mi padre tampoco.

Así que fui yo.

Era un mensajero.

Traía un sobre dirigido a Ricardo y Laura Mendoza.

Mi padre lo reconoció inmediatamente.

—Dámelo.

—¿Qué es?

—Mariana, dámelo.

Esteban se interpuso.

—Ya estuvo bueno de secretos.

Abrimos el sobre.

Era una notificación relacionada con el crédito.

Había pagos pendientes, condiciones incumplidas y un plazo para regularizar la situación antes de que el problema escalara legalmente.

Pero venía acompañado de una copia de otro documento.

Un convenio privado.

Sofía me había hablado de él esa mañana.

Mi padre había recibido dinero de Mauricio años atrás para rescatar el negocio.

Y había una cláusula vinculada con la casa.

No significaba que Mauricio fuera dueño automáticamente.

Pero sí demostraba que existía un problema mucho más serio de lo que mi madre había admitido.

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