Mateo abrió la conversación.
Había enviado una foto desde nuestros asientos antes del despegue.
“Vamos escondidos en el avión de papá. No le digas.”
Patricia había respondido:
“Qué bonita sorpresa. No te preocupes, será nuestro secreto.”
Alejandro tomó el reloj.
Su cara cambió.
—Mamá sabía que estaban aquí.
Valeria se puso pálida.
—Alejandro…
—¿Qué?
—El asiento 18A estaba reservado originalmente a nombre de Patricia Ramírez.
Sentí un frío terrible.
—¿Tu mamá iba en este vuelo?
—Canceló ayer —respondió Valeria.
Entonces mi teléfono sonó.
Patricia.
Nadie habló.
Contesté y activé el altavoz.
—¿Bueno?
Mi suegra estaba llorando.
—Lucía, necesito que me escuches y no interrumpas.
Alejandro se acercó.
—Mamá, ¿tú dejaste el sobre?
Silencio.
—Sí.
—¿Por qué?
Patricia respiró profundamente.
—Porque tu padre descubrió lo de la auditoría.
Alejandro apretó el teléfono.
—¿Cómo?
—Me encontró copiando documentos de su despacho.