Alejandro miró a la sobrecargo.
—Daniela, guarda la caja.
Ella asintió.
Yo señalé a Valeria.
—¿Hay un anillo ahí?
Alejandro pareció genuinamente desconcertado.
—¿Un anillo?
Daniela abrió la caja.
No había ningún anillo.
Había una memoria USB.
Sentí que el piso se movía bajo mis pies.
Alejandro bajó la voz.
—Lucía, necesito que regreses a tu asiento. Cuando lleguemos a Monterrey te explicaré todo.
Saqué la transferencia bancaria.
—Empieza por explicarme los 2.8 millones que tu papá le pagó.
Valeria retrocedió como si la hubiera golpeado.
Alejandro palideció.
—¿De dónde sacaste eso?
—Estaba en un sobre con mi nombre en el asiento 18A.
La expresión de Alejandro cambió.
Miró inmediatamente hacia el fondo del avión.
—¿Quién te lo dio?
—No lo sé.
—¿Había algo más?
—Fotografías tuyas entrando a un hotel con ella.
Alejandro cerró los ojos.
—Maldición.