Mi suegra entró al hospital mientras yo dormía después del parto, cubrió a mi bebé con pintura negra y gritó: “¡Miren todos, este niño no puede ser de mi hijo!”

Leticia sí.

Desde que supo del embarazo empezó a insistir en que debíamos venderla para comprar algo “para toda la familia”.

Yo me negué.

La propiedad era el único patrimonio que mi abuela me había dejado.

Una noche, Mauricio y yo discutimos porque él quería rentarla y yo prefería mantenerla vacía mientras decidíamos qué hacer.

La conversación terminó con una frase mía:

“Si algún día esto no funciona entre nosotros, por lo menos mi hijo y yo tendremos dónde vivir.”

Paola continuó:

—Mamá escuchó eso y se convenció de que estabas preparando una separación.

—Eso no explica las fotografías —dije.

Hubo silencio.

—Porque las fotos las mandó hacer ella.

Mauricio se levantó.

—¿Qué?

—Le pidió a alguien que conocía que siguiera a Daniela un par de días.

Sentí náuseas.

—¿Tu mamá mandó seguirme estando embarazada?

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