Mi suegra entró al hospital mientras yo dormía después del parto, cubrió a mi bebé con pintura negra y gritó: “¡Miren todos, este niño no puede ser de mi hijo!”

—Señora Daniela, necesitamos hacerle unas preguntas.

Nos explicaron que revisarían los registros de acceso y las cámaras de las áreas permitidas del hospital para aclarar cómo había entrado Leticia con aquella sustancia y cuánto tiempo había permanecido sola cerca del bebé.

Mauricio pidió acompañarlos.

Yo no quería quedarme sola.

Pero necesitaba que averiguáramos la verdad.

—Ve.

Regresó casi cuarenta minutos después.

Su cara me dijo que algo había cambiado.

—Encontraron algo.

Se sentó junto a mí.

—Mi mamá llegó al hospital antes de que tú entraras a recuperación.

—¿Cómo?

—La cámara del estacionamiento la registró aproximadamente una hora antes.

—Pero ella dijo que acababa de llegar cuando supo que había nacido.

—Mintió.

Mauricio desbloqueó su teléfono.

—Y hay otra cosa.

Me mostró un mensaje.

Era de su prima Fernanda.

“Mauricio, perdóname. Yo no sabía que tu mamá iba a hacer algo así. Me pidió información sobre el horario de visitas porque dijo que quería darte una sorpresa.”

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