Mateo respiró profundamente.
—Que era algo de papá. Dijo que no debía abrirlo hasta que él me avisara.
Sentí una mezcla de miedo y rabia.
—¿Te pidió algo a cambio?
Mateo negó con la cabeza.
Después dudó.
Ese pequeño gesto me preocupó más que cualquier respuesta.
—Mateo.
—Me preguntó dónde guardabas las cosas de papá.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué cosas?
—Papeles. Una computadora. No sé.
Ahí entendí que aquello nunca había sido sobre Mateo.
Lo estaban utilizando para llegar hasta mí.
Ramírez regresó unos minutos después.
No habían alcanzado al hombre.
Pero una cámara de seguridad de una casa cercana había registrado el automóvil en el que escapó.
—Necesitamos llevar este sobre como indicio —dijo.
—¿Puedo saber qué contiene?
—Lo revisaremos de manera segura.
Entonces miró el pequeño dispositivo detrás de la oreja de Mateo.