—Necesitamos que venga a identificar la letra.
Dejé a Mateo con mi hermana y fui a las instalaciones de la Fiscalía.
Cuando colocaron la nota frente a mí, reconocí inmediatamente aquella escritura inclinada.
Era Javier.
Mis manos comenzaron a temblar.
La nota decía:
“Si esto llegó a mi familia, significa que alguien encontró lo que escondí. No confíes en quien diga que viene de mi parte sin comprobar primero quién es.”
Tuve que dejar el papel sobre la mesa.
Javier había previsto que algo podía ocurrir.
Pero había otra frase.
Una mucho peor.
“Ricardo no trabaja solo.”
Miré al agente.
—¿Qué hay en la memoria?
—Está protegida con contraseña.
—¿Y el hombre que se acercó a Mateo?
Ramírez deslizó una fotografía sobre la mesa.
Era una captura de la cámara de seguridad.
Un hombre de unos cincuenta años.