—¿A dónde crees que vas?
—Me llevo a mis hijos y a mi mamá.
Beatriz se levantó furiosa.
—¡Tu madre todavía no termina la cena!
La miré.
—Vuelve a hablarle así y esta conversación será muy distinta.
Rodrigo se atravesó frente a la puerta principal.
—Primero te calmas y después hablamos.
Saqué mi teléfono.
Cancelé las tarjetas adicionales que estaban a su nombre.
También suspendí los pagos automáticos de varios gastos personales que yo cubría.
Su celular comenzó a vibrar.
Una notificación.
Luego otra.
Rodrigo palideció.
—¿Qué hiciste?
—Dejé de financiar una vida en la que mi mamá termina lastimada.
Tomé las manos de mis hijos y ayudé a Elena a salir.
—¿Y a dónde vas a ir? —se burló Beatriz—. ¿A un hotel?
No respondí.
Cruzamos la calle.
Frente a nuestra casa había una residencia grande que llevaba meses aparentemente vacía.