Volví antes a casa y encontré a mi mamá enferma cocinando con mis gemelos en brazos… mientras mi esposo y su madre descansaban como si ella fuera su sirvienta

“Yo no.”

“¿Quién?”

No respondió.

Pero a la mañana siguiente ocurrió algo inesperado.

Beatriz apareció en la casa de enfrente.

Esta vez no gritó.

No exigió entrar.

Traía una bolsa de tela entre las manos.

Abrí únicamente la puerta peatonal y Adriana permaneció conmigo.

Beatriz parecía haber envejecido diez años en una semana.

—Vengo a entregar algo.

Sacó un sobre amarillento.

Reconocí inmediatamente la letra de mi abuela.

Mi nombre estaba escrito al frente.

Daniela.

Sentí un nudo en la garganta.

—¿Por qué lo tenías tú?

Beatriz comenzó a llorar.

—Porque Rodrigo me pidió que lo guardara.

—¿Lo abriste?

—No.

—¿Él?

No contestó.

Adriana tomó el sobre antes que yo.

Revisó que no estuviera manipulado de manera evidente.

Entonces me lo entregó.

Mis manos temblaban.

Dentro había varias hojas.

Una carta.

Copias de documentos.

Y una fotografía antigua.

Leí la primera línea.

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