Volví antes a casa y encontré a mi mamá enferma cocinando con mis gemelos en brazos… mientras mi esposo y su madre descansaban como si ella fuera su sirvienta

—¿Entraste a mis documentos personales?

Rodrigo no contestó.

Adriana salió del despacho.

—Daniela, no sigas hablando con él sin nosotros presentes.

Pero Rodrigo ya había conseguido lo que quería.

Había sembrado una nueva duda.

Esa misma tarde fui con Adriana a revisar la caja.

Los documentos seguían ahí.

Excepto por un sobre.

Uno que yo recordaba perfectamente porque mi abuela había escrito mi nombre a mano en el frente.

El sobre había desaparecido.

Sentí que me temblaban las piernas.

—¿Qué contenía? —preguntó Adriana.

—No lo sé. Nunca lo abrí.

—¿Por qué?

Me quedé mirando el espacio vacío.

—Mi abuela me pidió que lo leyera solamente si algún día alguien intentaba usar su patrimonio para presionarme.

Adriana dejó de escribir.

—¿Dijo exactamente eso?

Asentí.

Esa noche confronté a Rodrigo por mensaje.

“¿Tienes el sobre?”

Su respuesta llegó cinco minutos después.

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