Finalmente apareció el mensaje que terminó de destruir cualquier duda que aún pudiera tener.
“No puedes dejarme por un problema de dinero.”
Lo leí tres veces.
No mencionaba a mi madre.
No preguntaba por sus moretones.
No preguntaba cómo estaban sus hijos.
Solo hablaba del dinero.
Dos días después nos reunimos en el despacho de Adriana.
Rodrigo llegó con un abogado.
Beatriz no estaba.
Yo llevé a Elena conmigo, pero permaneció en otra sala.
Rodrigo parecía agotado.
—Daniela, no quiero que esto se convierta en una guerra.
—Yo tampoco.
Pareció aliviado.
Entonces puse una carpeta sobre la mesa.
—Por eso quiero hechos.
Su abogado intervino.
—Mi cliente reconoce que existieron malas decisiones financieras, pero no hubo intención de perjudicar a la señora.
Adriana respondió:
—Entonces será sencillo aclarar cada operación.
Sacó el primer documento.
La solicitud por $1,850,000 pesos.
Después los movimientos de la cuenta.