Fui al hospital a sorprender a mi esposo con su comida favorita, pero su compañero me miró con lágrimas en los ojos y me preguntó: “¿De verdad Daniel no te ha contado nada?”

Ramírez intervino.

—Porque al principio había posibilidades de que respondiera bien al tratamiento.

Lo miré.

—¿Al principio?

Nadie respondió.

Esa palabra se clavó en mi cabeza.

Al principio.

—¿Qué significa eso?

Daniel miró a Ramírez con una expresión de advertencia.

Lo vi.

—No te atrevas —le dije—. Ya me mentiste nueve meses. No vas a controlar también lo que él me diga.

Ramírez respiró profundamente.

—El tratamiento inicial no funcionó como esperábamos.

Sentí frío.

—¿Y ahora?

—Encontramos otra opción.

Daniel habló demasiado rápido.

—Eso es lo importante.

—¿Qué opción?

—Una cirugía.

Miré a los dos médicos.

—Pero Daniel es cirujano. Si fuera una cirugía normal, no estarían mirándome así.

Ramírez apretó los labios.

—Es complicada.

—¿Cuándo?

Daniel no contestó.

Ramírez sí.

—Mañana.

Lo miré sin entender.

—¿Mañana?

Entonces recordé aquella mañana.

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