Fui al hospital a sorprender a mi esposo con su comida favorita, pero su compañero me miró con lágrimas en los ojos y me preguntó: “¿De verdad Daniel no te ha contado nada?”

Hasta que vi una transferencia.

$780,000 pesos.

Realizada cuatro meses antes.

—¿Qué es esto?

Daniel se tensó.

—Un pago.

—¿A quién?

El concepto solo mostraba unas iniciales.

M.R.C.

—Daniel.

—No tiene relación con otra mujer.

—Entonces explícame.

—No puedo.

Me quedé mirándolo.

—Acabas de decirme que mañana pueden abrirte el cuerpo en una cirugía de alto riesgo y todavía me dices que “no puedes” contarme algo.

Ramírez cerró los ojos.

Parecía conocer también esa parte.

—¿Tú sabes? —le pregunté.

No respondió.

Me sentí humillada.

—Qué increíble. Todo Guadalajara conoce la vida de mi marido menos su esposa.

Tomé mi bolsa.

—Me voy.

Daniel me sujetó suavemente del brazo.

—No te vayas.

—Necesito recoger a Sofía.

—Mi hermana puede hacerlo.

—No quiero a tu hermana cerca de mi hija hasta entender qué está pasando.

Su rostro cambió.

Apenas un segundo.

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