Hubo silencio.
—Esta mañana.
—¿Dónde está?
—Mariana… ¿qué sucede?
—Necesito saber dónde está.
—Fue a Monterrey.
Daniel y yo nos miramos.
—¿Para qué?
—Dijo que tenía una reunión contigo y con Rodrigo.
Sentí que el suelo desaparecía debajo de mis pies.
La traición ya no estaba únicamente dentro de mi matrimonio.
Había entrado a mi propia familia.
A las ocho menos diez, Rodrigo volvió a llamar.
Esta vez contesté.
—¿Dónde estás? —preguntó.
—Cerca.
—Ven al hotel.
—¿Fernanda está contigo?
Silencio.
—Esto no se trata de Fernanda.
—Por fin estamos de acuerdo.
—Mariana, no entiendes lo que está pasando.
—Entonces explícame.
Su voz bajó.
—Tu familia está a punto de perder mucho dinero.
—¿Me estás amenazando?
—Estoy intentando protegerte.
Casi me reí.
—¿Como en el avión?
—Olvídate del maldito avión.
—No puedo. Fue la primera vez que me mostraste claramente quién creías que era yo.