El asiento de mi esposo estaba ocupado por su secretaria en nuestro jet privado… así que bajé sin discutir, pero una pregunta de la tripulación hizo que todos dejaran de sonreír

—Yo jamás otorgué ese poder.

—Lo sé. Ya revisé nuestros archivos.

—¿Ante qué notario aparece?

Me dio el nombre.

Daniel cerró los ojos.

—Lo conozco —susurró.

—¿Qué?

—Ese notario aparece en los pagos que encontré.

Esteban continuó:

—Mariana, escucha con atención. No hagas ninguna acusación todavía. Necesitamos copias certificadas y revisar la autenticidad. Si ese poder es falso, estamos ante algo mucho más serio que una disputa matrimonial.

—¿Pueden transferir mis derechos mañana?

—No si actuamos a tiempo. Pero hay otra cosa.

—¿Qué?

—La convocatoria indica que tú asistirás personalmente.

Miré mi teléfono.

Entonces entendí la pregunta de Fernanda en el avión.

“Pregúntale si llevará su identificación oficial.”

Rodrigo necesitaba que yo estuviera en Monterrey.

No porque quisiera reconciliarse.

Me necesitaba para algo.

—Esteban, ¿qué pasaría si yo llegara mañana?

—Depende de lo que intenten hacerte firmar.

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