LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

Sacó un sobre pequeño.

Mi nombre aparecía escrito en la misma letra de siempre.

Lo abrí.

Dentro había una nota.

«Santiago:

La llave de la bodega 108 nunca fue solamente una llave.

Era una prueba de que, incluso cuando yo tomé las peores decisiones, todavía confiaba en que algún día encontrarías el camino hacia la verdad.

No fui el padre que necesitabas cuando más me necesitabas.

No puedo cambiarlo.

Pero espero que algún día puedas recordar también los momentos buenos, sin sentir que eso significa justificar mis errores.

Tu madre siempre decía que la vida no se mide por las veces que alguien cae, sino por lo que decide hacer después de levantarse.

Ojalá encuentres una vida que no necesite parecerse a la mía.

Con todo mi amor,

Papá».

Leí la carta dos veces.

Después la guardé en el bolsillo.

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