Pero yo sabía que estaban utilizando tu nombre.
Sabía que eras inocente.
Y aun así guardé silencio.
No puedo devolverte los tres años que perdiste. Tampoco puedo pedirte que olvides lo que hice.
Estoy intentando aceptar las consecuencias de mis decisiones sin culpar a nadie más.
No espero que me respondas.
Solo quería que supieras que, por primera vez, estoy diciendo la verdad sin intentar obtener algo a cambio.
Mauricio».
Dejé la carta sobre la mesa.
No sentí deseos de romperla.
Tampoco sentí la necesidad de contestar.
Durante años había creído que la justicia solo estaría completa cuando Mauricio sufriera exactamente lo mismo que yo.
Pero la vida no funciona de esa manera.
El dolor no se transfiere como dinero de una cuenta a otra.
Que él sufriera no me devolvería mis noches en prisión.
Que Verónica perdiera sus privilegios no borraría sus amenazas.