Mi padre se sentó en el porche.
Yo me quedé de pie.
—Tu madre habría querido que estuviéramos aquí —dijo.
Miré hacia el estanque.
—Mamá habría querido que me dijeras la verdad.
Mi padre asintió.
—Sí.
Se quedó callado durante unos minutos.
Después sacó una pequeña caja de madera del bolsillo de su chaqueta.
La abrió.
Dentro había un anillo sencillo y una fotografía de mi madre.
—Esto era suyo —dijo—. Lo guardé porque quería dártelo cuando regresaras a casa.
Tomé la fotografía.
Mi madre sonreía frente a un árbol, con el cabello recogido y una mano apoyada sobre mi hombro.
Yo era un niño.
No pude evitar llorar.
—La extrañé mucho, papá.
Él bajó la cabeza.
—Yo también.
—Cuando estaba en prisión, soñaba con ella. Soñaba que venía a visitarme y me decía que todo iba a estar bien.