Por primera vez, pude creerle.
Capítulo 11. La última mentira de Verónica
Verónica no se rindió.
Cuando supo que mi condena estaba siendo revisada, intentó convencer a varios antiguos empleados de que firmaran declaraciones contra mí.
Algunos se negaron.
Otros entregaron mensajes que demostraban que ella les había pedido modificar fechas en ciertos documentos contables.
Uno de ellos, una antigua asistente administrativa llamada Laura, se puso en contacto con Ramírez.
Dijo que llevaba tres años viviendo con miedo.
Había visto a Verónica utilizar el ordenador de la oficina para acceder a mi cuenta. También había recibido instrucciones para imprimir documentos que después fueron incorporados al expediente de la empresa.
Laura conservaba correos electrónicos y copias de los archivos originales.
Su declaración ayudó a aclarar cómo se habían manipulado los registros.
Pero la información más importante llegó de Mauricio.