LA BODEGA 108: EL SECRETO QUE DESTRUYÓ A LA FAMILIA MENDOZA

Esperamos.

Cada día parecía más largo que el anterior.

Hasta que, una mañana, Ramírez entró en la habitación donde yo estaba leyendo.

Llevaba una carpeta en la mano.

No sonreía.

Eso me asustó.

—¿Qué pasó? —pregunté.

Se sentó frente a mí.

—El tribunal ha admitido la revisión de tu caso y ha ordenado que se examine formalmente la nueva evidencia.

Me quedé mirándolo.

—¿Eso significa que soy libre?

—Significa que tu condena está siendo revisada. Todavía hay un procedimiento que seguir.

Sentí una mezcla de esperanza y agotamiento.

—¿Cuánto tiempo?

—No puedo prometerte una fecha.

Bajé la cabeza.

Tres años de prisión me habían enseñado a desconfiar de las promesas.

—¿Y si no me creen?

Ramírez colocó la carpeta sobre la mesa.

—Entonces seguiremos presentando las pruebas y utilizando los recursos legales disponibles. Esta vez no estás solo.

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