Mi padre asintió.
—Eso es lo que contiene la memoria USB.
—¿Por qué no la entregó antes? —preguntó Ramírez.
Mi padre bajó la mirada.
—Porque una parte de los archivos estaba cifrada y necesitaba recuperar la clave original. Además, la persona que me ayudaba a conseguir copias de los registros desapareció hace un año.
—¿Quién?
—El contador de la empresa. Se llamaba Gabriel Torres.
Ramírez tomó notas.
—¿Cree que sigue vivo?
—No lo sé. Antes de desaparecer me dejó un mensaje. Decía que había encontrado algo relacionado con un pago realizado el día de mi supuesto fallecimiento.
Me acerqué.
—¿Tu supuesto fallecimiento?
Mi padre abrió otro documento.
Era una copia de una póliza de seguro y una serie de movimientos bancarios.
—Verónica había empezado a preparar la documentación para tomar el control de mis bienes. Para hacerlo más fácil, difundió que yo estaba enfermo y que había muerto. Pero nunca existió un certificado médico que confirmara mi fallecimiento.